08/11/2010 OCTAVIO Salazar
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La reciente visita del Papa ha vuelto a demostrarnos que el español es un Estado aconfesional "con querida". Como bien explicó Juan José Tamayo hace unos días en la presentación de la Fundación Paradigma Córdoba, los poderes públicos españoles siguen manteniendo unas relaciones privilegiadas con la Iglesia Católica, la cual es tratada, como buena querida, mucho mejor que la "legítima". Y no solo por toda una serie de beneficios que rompen flagrantemente con el principio de igualdad, sino también por un descarado apoyo institucional y por una excesiva presencia en el espacio público, alentada por unos representantes que deberían mantenerse al margen de las religiones. Ante la cada vez mayor diversidad religiosa de nuestra sociedad debería resultar obvio que, desde el punto de vista jurídico-constitucional, el modelo que mejor puede garantizar la paz social …
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La reciente visita del Papa ha vuelto a demostrarnos que el español es un Estado aconfesional "con querida". Como bien explicó Juan José Tamayo hace unos días en la presentación de la Fundación Paradigma Córdoba, los poderes públicos españoles siguen manteniendo unas relaciones privilegiadas con la Iglesia Católica, la cual es tratada, como buena querida, mucho mejor que la "legítima". Y no solo por toda una serie de beneficios que rompen flagrantemente con el principio de igualdad, sino también por un descarado apoyo institucional y por una excesiva presencia en el espacio público, alentada por unos representantes que deberían mantenerse al margen de las religiones. Ante la cada vez mayor diversidad religiosa de nuestra sociedad debería resultar obvio que, desde el punto de vista jurídico-constitucional, el modelo que mejor puede garantizar la paz social …